Un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society plantea que el Sol, poco después de formarse, se tragó un planeta rocoso varias veces más masivo que la Tierra. Si fue así, ese choque habría dejado una huella química en el interior de nuestra estrella, una pista que futuras observaciones podrían llegar a confirmar.
Fuente: Royal Astronomical Society, estudio de Mutlu Yildiz (Universidad de Ege, Turquía)
El Sol lleva unos 4.600 millones de años en el centro del sistema solar y solemos imaginarlo como una estrella tranquila, casi aburrida. Un estudio reciente sugiere que su infancia no lo fue tanto. Según el astrónomo turco Mutlu Yildiz, poco después de formarse, el Sol se habría tragado un planeta rocoso más grande que la Tierra y más pequeño que Neptuno, lo que los astrónomos llaman una supertierra. Si la idea se sostiene, resolvería de paso dos problemas que los modelos solares arrastran desde hace décadas.

¿Qué encontró exactamente el estudio?
Yildiz es profesor del Departamento de Astronomía y Ciencias del Espacio de la Universidad de Ege, en Izmir, Turquía. Para este trabajo usó MESA, un programa muy utilizado para simular cómo evolucionan las estrellas, y con él recreó varios escenarios de los primeros millones de años del Sol.
La pregunta que se hizo fue sencilla: ¿qué cambia si al Sol joven le cae encima un planeta rocoso que ya perdió su envoltura de gas? Al meter ese ingrediente en el modelo, los números empezaron a cuadrar con una masa bastante concreta: entre 4,6 y 5,8 veces la de la Tierra. Otros cálculos del mismo trabajo estiran el rango hasta unas 10 masas terrestres, según el método que se use. Para ponerlo en perspectiva, hablamos de un planeta mucho más pesado que el nuestro, pero todavía lejos de Neptuno, que tiene unas 17.

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Dos misterios solares que este engullimiento podría resolver
Los modelos estándar del Sol tienen dos piedras en el zapato desde hace años. La primera está en su interior. La heliosismología estudia cómo vibra el Sol, algo parecido a lo que hacen los sismólogos con los terremotos, y gracias a ella se puede deducir la densidad y la composición de sus capas. El problema es que esas mediciones no terminan de coincidir con lo que predicen los modelos. La segunda es química: en la superficie del Sol hay más de cien veces menos litio del que debería tener una estrella de su edad y tipo.
Aquí entra el planeta. Si ese mundo rocoso tenía poco litio y cayó al Sol en sus primeros millones de años, el material extra habría modificado tanto la estructura interna como la proporción de litio. En las simulaciones de Yildiz, ambos ajustes encajan bastante bien con lo que se mide hoy.

Dato curioso
El Sol contiene más del 99,8% de toda la masa del sistema solar. Aun así, engullir un planeta de apenas unas masas terrestres pudo dejar una marca química medible, porque ese material se concentró en las capas externas de la estrella sin mezclarse con el resto.
¿Se puede comprobar que esto realmente pasó?
Hay que decirlo claro: nadie vio esto pasar, y el propio Yildiz admite que no hay forma directa de demostrarlo. Lo que ofrece es una predicción que se puede poner a prueba. Si futuras observaciones heliosísmicas, más precisas que las actuales, detectan la estructura interna y la firma química que anticipa su modelo, la hipótesis ganaría mucho peso.
También revisó un detalle clave: ¿habría llegado el planeta entero o se habría hecho pedazos antes? Cuando un cuerpo se acerca demasiado a una estrella, la gravedad tira con más fuerza del lado cercano que del lejano, y si esa diferencia supera lo que mantiene unido al planeta, lo desarma. Es lo que se conoce como límite de Roche. Un planeta gaseoso se habría deshecho por el camino, pero uno rocoso y compacto, ya sin su capa de gas, quedaría justo en el borde, así que pudo haber llegado prácticamente intacto a la superficie del Sol.
La idea tampoco sale de la nada. En 2016, los astrónomos Martin y Livio ya habían planteado que una o varias supertierras pudieron formarse más cerca del Sol que Mercurio y luego caer hacia él, arrastradas por el disco de gas que rodeaba a la estrella recién nacida. Lo que aporta el nuevo trabajo es ponerle números a esa vieja sospecha: una masa aproximada y una huella química concreta que, al menos en teoría, se puede buscar.
Por qué esto importa para entender otros sistemas planetarios
Hay otro detalle que hace esta hipótesis especialmente interesante. Los telescopios espaciales han encontrado miles de exoplanetas, y en muchos sistemas aparecen supertierras girando muy pegadas a su estrella. En el nuestro no hay ninguna. Si el Sol se comió la suya cuando era joven, el sistema solar dejaría de parecer un bicho raro y pasaría a ser un sistema bastante normal al que simplemente le falta una pieza.
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Por ahora, todo esto es una hipótesis con buenos argumentos, no un hecho confirmado. Habrá que esperar a que la heliosismología afine sus mediciones para saber si el Sol de verdad guarda los restos de un planeta que ya no existe.
Solemos ver al Sol como algo fijo, la misma bola de luz de siempre. Estudios como este nos recuerdan que también tuvo una juventud movida y que quizás todavía carga con las pruebas. Si de verdad se tragó un planeta, ¿qué otras sorpresas seguirán escondidas ahí dentro?
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Déjanos tu opiniónAlgunas preguntas interesantes
No. Es una hipótesis respaldada por simulaciones y modelos matemáticos, no una observación directa. El propio autor del estudio reconoce que, por ahora, no hay forma de comprobarlo de manera definitiva.
Según el análisis del litio, entre 4,6 y 5,8 masas terrestres, aunque otros cálculos del mismo estudio amplían el rango hasta unas 10.
Los científicos usan simulaciones estelares y comparan cómo cambiarían la estructura interna y la composición química del Sol si hubiera absorbido material planetario adicional en su juventud.
Es uno de los misterios que este estudio intenta explicar. El Sol tiene más de cien veces menos litio del esperado para una estrella de su edad, y la hipótesis del planeta engullido ofrece una posible causa.
No de la misma manera. El evento que describe el estudio ocurrió cuando el Sol era muy joven. Lo que sí se sabe es que, dentro de miles de millones de años, cuando el Sol se convierta en gigante roja, sí podría llegar a engullir a Mercurio y Venus, e incluso rozar la Tierra.
Referencias
Yildiz, M. (2026). Planetary engulfment as a solution to solar-model discrepancies and its implications for planetary systems. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. https://doi.org/10.1093/mnras/stag1527
Royal Astronomical Society. (2026, 10 de septiembre). ‘Fingerprints’ inside the Sun could reveal if it once swallowed a planet. https://ras.ac.uk/news-and-press/research-highlights/fingerprints-inside-sun-could-reveal-if-it-once-swallowed-planet
Lea, R. (2026, 11 de septiembre). The sun may once have swallowed a super-Earth planet and could still be hiding the evidence. Space.com. https://www.space.com/astronomy/sun/the-sun-may-once-have-swallowed-a-super-earth-planet-and-could-still-be-hiding-the-evidence
Adrien. (2026, 29 de septiembre). El joven Sol habría engullido una supertierra. Techno-Science.net. https://www.techno-science.net/es/actualidades/sol-joven-superterra-litio-estrella-29438
EarthSky. (2026, 10 de septiembre). Did the sun swallow a planet early in its history? https://earthsky.org/space/did-the-sun-swallow-a-planet-super-earth-fingerprint/




